De Bruselas a Viena en bicicleta

El pasado mes de julio David Degive y Augusto González, dos deportistas y amigos esponsorizados por MUND, deciden emprender un reto: el de recorrer en bicicleta los 1.255 km que separan las ciudades de Bruselas y Viena en diferentes tramos a lo largo de ocho días. En el caso de David y Augusto la idea supone un reto, ya que ellos acostumbran a practicar deporte en montaña y no tanto en bicicleta. Finalmente el reto lo consiguen y nosotros decidimos hacerles unas preguntas a David sobre cómo fue la experiencia. Aquí las compartimos con todos vosotros. Disfrutadlas.


Hola David, ¿puedes contarnos cómo surgió entre Augusto y tú la idea de recorrer en bicicleta el trayecto que separa Bruselas y Viena?
El año pasado intenté escalar en solitario la Arista de Peuterey, una vía mixta, roca y hielo, muy exigente incluso en pareja. La climatología no me permitió ni siquiera empezar, pero conseguí hacer otra vía un poco menos comprometida que me llevó varios días. Para mí era como el punto y aparte con la escalada, porque en enero me marchaba al Congo a trabajar sin fecha de vuelta. Ante esta situación Augusto se planteó hacer algo en solitario mientras yo estaba en África. La bicicleta siempre le había gustado y la idea de salir un día de casa y no volver a dormir esa noche era muy tentadora. Tenía como referente a un amigo suyo, Agustín Egurrola, que desde los 29 años dedicó sus vacaciones a recorrer el mundo en bici de esa forma, con un presupuesto muy bajo y sin etapas preestablecidas. Con mi vuelta anticipada del Congo aproveché para unirme al proyecto y nos pusimos a trabajar juntos en él.

¿Por qué elegisteis ese trayecto?
En un principio la excusa para diseñar el recorrido fue unir ciudades en las  que tuviésemos algún amigo. El resultado fue más caótico que los recorridos de las actuales grandes rondas, en los que hacen falta desplazamientos en tren o avión para unir etapas. En cuanto lo vimos quedó descartado, pero nos sirvió para darnos cuenta de que en Viena conocíamos a mucha gente. Ese hecho y la sugerencia de otra amiga, que nos habló de los carriles-bici que se extienden a lo largo de los principales ríos de Alemania, bastaron para decidir el trayecto.

Nos consta que para realizar el recorrido os planteasteis llevar sólo lo indispensable. ¿Qué fue lo que finalmente llevasteis?
Sí, esa era la idea, llevar lo indispensable o menos. Sin embargo, al final hemos disfrutado de la fantástica ayuda de mi hermano Seb en el coche de apoyo. Nos montaba un hotel de mil estrellas cada noche y al día siguiente lo recogía. Preparaba la comida e incluso alguna ducha que otra, pero sin masajes. Nosotros en la bici íbamos con lo que se lleva cuando sales un día a entrenar: un juego de repuestos, herramientas y dinero. Y la cámara, para dejar constancia del origen de los calcetines y el maillot.

¿De cuántos kilómetros hacíais cada jornada? ¿Dónde y cómo dormíais?
El día que más hemos llegado a hacer hicimos 207 km, pero como media han sido unos 150 km al día. Cuando veíamos que nos quedaban fuerzas para 30 km más le decíamos a Seb en qué punto acabaríamos aproximadamente y él buscaba un lugar donde poder montar las tiendas (una para cada uno, todo un lujo). Bosques, campos de maíz, campos de frutales y un camping, en éste último casi obligados tras la etapa larga que acabamos en los alrededores de Frankfurt.

Sabemos que tanto Augusto como tú sois más deportistas de montaña que de bicicleta. ¿Por qué ese cambio para este proyecto?
La bici siempre ha estado ahí. Aparte de correr, cuando nos preparábamos para la montaña la usábamos para completar el entrenamiento o como alternativa cuando surgía algún problema de articulaciones. Por lo tanto no nos ha resultado un cambio muy grande. Lo diferente ha sido el uso intenso y extenso que le hemos dado. Además, todo lo que es preparación tanto física como logística, planteamiento y realización es muy similar a las actividades montañeras.

¿Cuál es el balance final que haces de la experiencia? ¿Tenéis pensado repetirla con alguna otra ruta?
Hormigueo en los dedos, rozadura en el perineo y moreno ciclista, obviamente. Un profesional de reconocido prestigio nos recomendó usar unos buenos culotes. Pero ya estábamos en ruta y descartamos ir de tiendas. El balance final es muy bueno. La cumbre no ha estado en el medio de la ruta, sino al final, bien regada con cava. Aun así se ha disfrutado durante todo el recorrido, pedaleando por lugares desconocidos, conociendo gente, paisajes, degustando la fruta de temporada antes de que sea recolectada. Ha sido especialmente placentero el compartir tramos del recorrido con otros ciclistas que incluso antes de mediar la más mínima palabra estaban dándote relevos sin más. Y como toda buena experiencia montañera, cuando acabas de completarla no quieres ni que te hablen de ella y por supuesto que de repetir nadie dice nada. Pero eso dura un ratito, cuando te has duchado y el estómago está lleno de nuevo empieza a funcionar el buscador de rutas y comienzas a pensar en la siguiente. Si hay una próxima será con más desnivel, seguro.

Gracias, David! Desde MUND estamos seguros de que habrá una próxima.


BTT