Los orígenes de Mund Socks (II)

La regeneración de la Villa

 

 

La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por diversos factores que perjudicaron enormemente a la industria textil pradoluenguina, obligando a sus vecinos a emigrar para labrarse, en un algún lugar recóndito, un digno porvenir.
 
La saturación que provocaba el Río Tirón, generando hasta 31 saltos de agua en apenas 4 kms, obligó a los vecinos a expandir sus establecimientos hacia otros pueblos cercanos, como Santa Cruz o Villasur. Pero el agua no fue el único traspié al que tuvieron que enfrentarse.
 
Si la situación geográfica fue uno de los motivos para que en Pradoluengo surgiese y  floreciese la industria textil, en la Época Contemporánea la localización recóndita de su valle, y por tanto la falta de comunicaciones adecuadas, supondrá un auténtico obstáculo.
 
El Ayuntamiento de la Villa creó en 1855 una junta y solicitó que el proyecto de ferrocarril entre Burgos y las provincias vascongadas se trazase por la comarca del Tirón, facilitando así la comercialización de los productos de la región. Sin embargo, el tren nunca llegó a Pradoluengo y los vecinos tuvieron que seguir transportándose a lomos de una mula.
 
Durante las décadas de 1860 y 1870 la industria pradoluenguina sufre una profunda crisis. La nula renovación tecnológica, la carencia de una enseñanza específica, el abandono por parte de las administraciones y la permanente situación de caos del sector, fueron las crudas realidades que embistió la industria textil de Pradoluengo, mientras el país perdía (si es que alguna vez tuvo en propiedad) sus últimas posesiones en el mundo.
 
Pradoluengo deja de ser una de las industrias más importantes del país. Los trabajadores no podían afrontar el desempleo y emigraban en busca de trabajo estable. La mayoría se marchaba a Vizcaya, movidos por la proximidad geográfica y las altas posibilidades laborales. Pero otros, los más avezados, decidían hacer las Américas en busca del dorado. Cruzaron el charco sin miedo a naufragar y regresaron a casa años después con la cartera llena y un sombrero en la cabeza.
 
 
 
Las crisis de principios del siglo XX volverá a sumir a Pradoluengo en una profunda depresión económica. Pese a todo, la I Guerra Mundial resultó beneficiosa para la producción textil de Pradoluengo, ya que se comenzó a demandar y comercializar un nuevo artículo: el calcetín, que obligará a las asociaciones y compañías a requerir maquinaria especializada.
 
Se colocan los primeros motores eléctricos y a utilizar las máquinas automáticas, lo que generará un aumento del desempleo, que acarreará una bipolarización social, manifestada en un gran porcentaje de población obrera y un contingente menor de industriales y vecinos enriquecidos gracias a su viaje a las Indias. Las diferencias entre ambos grupos serán palpables y generarán una ideología moral, de la que no tardará en nacer grupos socialistas y sindicatos.