Los orígenes de Mund Socks (III)

Un futuro incierto en el Era de la tecnología
 
La situación crispante por la que atravesaba Pradoluengo no será subsanada hasta la Guerra Civil española, cuando la industria de la Villa aumenta su producción hasta cotas insospechadas. Las tropas sublevadas se habían hecho con el control de la zona y necesitaban imperiosamente la máxima producción posible de los terrenos que controlaban, por lo que exprimieron al máximo la industria de Pradoluengo y todas las que habían quedado bajo su domino (Extremadura, Béjar y Ezcaray).
 
La villa se convirtió en un gran taller. Las fábricas se adaptaron y produjeron calcetines, boinas, pasamontañas, jerseys y hasta mantas. Todo por una patria que ahora, y ante las necesidades de la guerra, se acordaba de ellos.
 
Tras la contienda civil la Villa se sumió en un proceso de decadencia, en el que sufrieron verdadera hambruna. No hubo posicionamiento civil, ni quejas reformistas, sólo silencio y miedo.  
 
 
 
Los años de posguerra fueron difíciles para un pueblo humilde, que no entendía de políticas y que se afanaba en la producción del calcetín. Con esmero se concentraron en la confección y comercialización de los calcetines, llegando a fabricar el 80 % del total que se vendía en España.
 
Actualmente no se escapa de las terribles consecuencias de una crisis, cuya suma de daños aún está por descubrir, pero a la que los pradoluenguinos hacen frente de la misma manera que han afrontado siempre los reveses de la vida: con dedicación, profesionalidad e incorporando tecnología de última generación para situarse en la vanguardia del calcetín técnico. Pradoluengo no conoce fronteras y sus productos se comercializan en los cinco continentes.